EL CAMINO DEL TANTRA

 

        (pincha cada línea para ver su explicación)

Ø      SANACIóN DE LA MENTE (LA LOCURA DE LA MENTE- COMPULSIVIDAD MENTAL, CREENCIAS).  

Ø      APERTURA DEL CORAZóN (HOMBRE-MUJER).  

Ø      EL VERDADERO PODER FEMENINO: ABRAZAR, SANAR EL RENCOR; PERDONAR, SANAR LA ENERGíA DEL VIENTRE-DIOSA. 

Ø      EL VERDADERO PODER MASCULINO: ABRIR EL CORAZóN Y PONERSE AL SERVICIO DE LO FEMENINO (MUJER, TIERRA). 

Ø      EL YOGA DE LA SEXUALIDAD: MAESTRíA DE NUESTRA ENERGíA. 

  

Ø      SANACIóN DE LA MENTE (LA LOCURA DE LA MENTE- COMPULSIVIDAD MENTAL, CREENCIAS). 

 

El Tantra es un camino de sanación. La mente tiene que ser sanada de su diálogo interno automático y continuo que la impide entregarse al momento presente, al ahora. La mente ordinaria (la mente del ego ligada al hemisferio izquierdo) es una máquina automática que no para de generar pensamientos, ligados a creencias y experiencias del pasado. Podemos considerar realmente a la mente como una “máquina del tiempo”. Todos los procesos de percepción de la mente, todos los pensamientos automáticos que aparecen en la pantalla de nuestra conciencia, están siempre referidos al pasado y al futuro. Realmente todo lo que la mente “está viendo”, no es sino una proyección del pasado, la cárcel de la locura de algo que, tras milenios de dominio y funcionamiento inconsciente, se ha convertido en una entidad por derecho propio fuera de todo control de la consciencia. Y desde esta cárcel de la locura de la mente (la cárcel de Maya-Matrix), vivimos y construimos el mundo como una continuidad del pasado de las creencias sobre nosotros mismos y el mundo.

 

La mente tiene que ser “desactivada” para poder llegar a la experiencia tántrica. Una mente sanada es una mente que actúa desde el corazón (mente-corazón), desde la conexión con lo que verdaderamente somos, nuestro verdadero Ser, el Espíritu en nosotros.

 

TOMADO DE LA WEB

Tantra Nueva Tierra

http://www.tantranuevatierra.com/tantrabasis/tantrabasis_camino.htm#caminotantra

 

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TANTRA - INTRODUCCIóN

 

 

 Tantra Yoga

 

El Tantra es un camino espiritual que viene del Yoga en Oriente y que como todo yoga lo que intenta es llevarnos a encontrar nuestra verdadera naturaleza, trascender la mente, el ego, el “yo”, para expandir nuestra conciencia al Espíritu que realmente somos, encarnado aquí en la Tierra. A diferencia de la mayoría de las vías espirituales, el Tantra no desecha lo “de abajo”. El Tantra no pretende ir a ningún cielo fuera de aquí, sino traer el Cielo a la Tierra. El Tantra es la visión unitaria, no dualista por excelencia. Y desde esa visión no dualista, donde todo es lo mismo, donde Dios es todo, donde Dios está arriba y abajo, el Tantra tampoco rechaza o relega la sexualidad como opuesta a lo espiritual. Todo lo contrario, el Tantra utiliza la sexualidad como la poderosa energía sagrada que elevándola nos puede llevar a expandir nuestra consciencia, una vía directa al Espíritu en nosotros.  Podemos considerar el Tantra como la vía de la unión de la sexualidad y la espiritualidad.

 

  

Introducción

 

Guardada y preservada por siglos, hasta que la humanidad estuviese en el momento adecuado, esta visión ancestral del ser humano llega ahora a Occidente, siendo precisamente en Occidente donde tomará todo su poder. El mundo está ahora preparado y necesita las enseñanzas del Tantra. Unas enseñanzas que vienen a desmitificar y limpiar todo el miedo y todas las consideraciones erróneas y aberrantes que la humanidad a fabricado respecto a sí misma, en especial respecto a la sexualidad y a todo aquello unido a la materia, a la Tierra, a lo femenino. La visión del Tantra reconcilia y reunifica la polaridad femenino-masculina, llevándola a su verdadera dimensión, la danza sagrada que crea el Universo.

 

La Tierra se encuentra ahora en un momento crucial de despertar generalizado. Una nueva era está comenzando y un salto fundamental en la conciencia humana se está produciendo. Un salto que llevará al ser humano y a la Tierra a una nueva dimensión, más allá de la conciencia de la mente, del ego, que ha dominado la historia de la humanidad durante miles de años. Y para que este salto tenga lugar, necesariamente el ser humano deberá abrazar toda la sombra construida en torno a la sexualidad, a la materia y la relación de lo femenino y lo masculino. No será posible llegar a esa “nueva dimensión”, no será posible “traer el cielo a la tierra”, mientras el tema fundamental de la sexualidad no haya sido comprendido y encarnado en su verdadera dimensión espiritual. No podrá haber paz en la Tierra hasta que lo femenino y lo masculino se hayan reconciliado y unido. Esta es la verdadera dimensión del Tantra: “unir en la Tierra lo que ya está unido en el Cielo”. Eso es para lo que estamos aquí. Eso es para lo que el ser humano ha venido a la Tierra. Y mientras ese trabajo no sea realizado, la humanidad seguirá viviendo en un sueño, en una guerra contra la Tierra y contra sí misma. El paso a la “nueva dimensión” sólo será posible desde un ser humano reunificado consigo mismo.

 

  

Descripción

 

Siva y Shakti, en el Tantra, representan la esencia del principio masculino y femenino. El Yin y el Yang, plasmado en todas las manifestaciones de este Universo. La eterna danza de lo masculino y lo femenino, a través de la cuál, Dios-Padre-Madre se manifiesta y da origen al mundo.

 

El Tantra considera que el Universo es creado a través de esta danza de Dios, del Espíritu, consigo mismo. El Todo no manifestado, crea en un momento dado esa dualidad masculino-femenino, se divide,  y es a través de su interacción como el mundo se manifiesta.

 

El Tantra considera el mundo, nuestra razón de estar aquí, como la reproducción de esa danza cósmica aquí en la Tierra, en la materia. Es a través de esa danza en el mundo de la materia como “se une en la Tierra lo que ya está unido en el Cielo”.

 

En esa danza de lo masculino y lo femenino, el papel de lo masculino no es otro, según la visión del Tantra, que venerar a lo femenino, la Tierra, “El Guardián del Grial”. Dios se encarna en la Tierra para “venerarse a sí mismo”, y a través de esta veneración se unen los opuestos y la conciencia del Espíritu “baja” a la materia. Toda la práctica del Tantra descansa en esta visión y toda la visión del Tantra de las relaciones hombre-mujer, de las relaciones entre los seres humanos, del ser humano consigo mismo, con la Tierra y con el cosmos, toda la visión sagrada y la práctica de la sexualidad, desembocan en ese mismo propósito: la fusión de lo femenino y lo masculino, interna y externamente. La conciencia de la Unidad.

Esta conciencia de la Unidad es la que puede devolvernos la cordura y la paz y llevarnos a un mundo de amor, donde la Tierra, la Diosa, sea respetada y venerada, donde el hombre y la mujer, lo masculino y lo femenino, se unan para “traer el Cielo a la Tierra“.

 

 

Indicaciones

 

El Tantra es un camino de sanación integral del ser humano, en lo físico, en lo emocional, en lo mental y en lo espiritual. A través de la práctica tántrica accedemos a un nivel de conciencia en conexión con todo lo que nos rodea, a un nivel de percepción, que está más allá de lo personal, “bajamos” la conciencia del Espíritu a la materia. Esta conciencia más allá del ego conlleva una verdadera sanación a todos los niveles, pues estamos entonces permitiendo al poder de Dios, del Universo, actuar a través de nosotros.

 

  

Precauciones

 

El Tantra no es “sexología”. Por lo tanto no deberíamos acercarnos al Tantra con la expectativa sólo de la sexualidad. La sexualidad está ahí en el Tantra, y de una forma muchísimo más poderosa que lo que normalmente conocemos, pero el Tantra convierte la sexualidad en una vía espiritual, y es sólo a través de lo que todo esto implica, como podemos acceder a ese poder de la sexualidad tántrica.

 

 

Práctica

 

La práctica tántrica conlleva el hacernos maestros de nuestra energía, de nuestras emociones y de nuestra mente. En la práctica tántrica se da fundamental importancia a la consciencia de la respiración y a la meditación. A través de la respiración podemos controlar nuestra mente y nuestra energía, para acceder al estado de quietud mental y de silencio necesario para conectar con esa parte superior que está en nosotros y que es nuestro Ser, nuestra mente Superior.

 

La práctica tántrica utiliza cualquier camino que pueda ayudarnos a liberarnos de nuestras creencias fijas, de nuestros bloqueos emocionales, de nuestro pasado. Desde el canto y la danza, el trabajo con el cuerpo, las ashanas de yoga, el Taichí, el Chicún, las dinámicas de grupo, el trabajo Gestalt, el contacto con la madre naturaleza, todo es apropiado para sacarnos de nosotros mismos y hacernos conscientes de nuestro cuerpo y nuestra energía.

 

La capacidad para “elevar” la energía desde los chakras inferiores hasta el chakra del corazón, es fundamental en el Tantra. La pareja tántrica convierte la experiencia del acto sexual, en una experiencia mística de fusión. Elevando la energía sexual hacia el corazón, la pareja tántrica disuelve su ego, se disuelve el uno en el otro, entrando en una experiencia de éxtasis meditativo, para disolverse después en la conciencia de unidad con todo (Shamadi tántrico).

 

En todo este proceso, la energía sexual, el fuego de la energía Kundalini, no se reprime. La pareja tántrica se sienta en el fuego de deseo y lo convierte en meditación. No renunciamos al placer, sino que lo elevamos desde lo meramente instintivo hasta quedar disuelto en el éxtasis de la fusión.

 

MáS INFORMACIóN: pincha aquí para leer otra descripción del Tantra.

 

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TANTRA

La Paz de la UniónUNA NUEVA SEXUALIDAD PARA LA PAZ

 

Decía Buda que la causa del sufrimiento es la ignorancia y yo creo que esto no se entiende bien a veces.  Esa ignorancia es el desconocimiento de nosotros mismos, la ignorancia de quienes somos realmente.

 

Se dice que el estrés es la enfermedad de nuestro tiempo y la causa del estrés no es ni más ni menos que ese desconocimiento, la desconexión con nosotros mismos. Realmente el estrés es el exponente más claro de la ignorancia de esta civilización. Un ser humano que se ha lanzado a la conquista de lo externo y que se desconoce completamente a sí mismo. El ser humano actual vive únicamente en su mente. Más bien diríamos, en una parte de su mente. Y ese trocito de mente, ese hemisferio izquierdo separado, es mentiroso por excelencia. Nos hace vivir en la ilusión del ego, de la separatividad. La separatividad de nuestro cuerpo, de nuestra energía, de nuestra sexualidad, de nuestro corazón…, la separatividad de la Tierra, de los demás seres. Occidente ha sido maestro en crear divisiones: mente-cuerpo, espíritu-materia, amor-sexo… En el Tantra no caben esas divisiones. La visión del Tantra es unificadora: amor no se diferencia de sexualidad, el cuerpo es también Espíritu, expresión de su perfección, mente y cuerpo están unidos.

 

Y así nos encontramos. La causa del sufrimiento es la ignorancia de quienes somos realmente y el Tantra es un camino directo para expandir nuestra conciencia y salir de esa ignorancia. Pero el Tantra es un camino Espiritual un poco especial. Especial porque integra nuestra sexualidad. A diferencia de otros caminos, el Tantra abraza y acepta todo lo que somos. El Tantra es el camino del cuerpo, de la Tierra. El ser humano ha estado siempre intentando huir de su realidad, y sobre todo de su realidad sexual. La sexualidad ha sido condenada y relegada por la mayoría de las religiones y tradiciones del mundo. Y es normal porque la sexualidad da mucho miedo. Es tan  fuerte y poderosa esa energía, nos atrae de tal manera, que es mejor olvidarla, apartarla o condenarla como expresión del mal. Pero todo lo que se rechaza se convierte en nuestra sombra, en lo que nos domina desde las profundidades de nuestro inconsciente. Y ese poder de la energía sexual es sin embargo un regalo cuando lo afrontamos con consciencia y lo tratamos impecablemente.

 

Realmente no hay nada en este Universo que no responda a una u otra forma de energía sexual. El juego del yin y el yang, lo masculino y lo femenino, luz y oscuridad, está presente siempre. El Universo, Dios, ha  realizado una jugada maestra para que la conciencia se desarrolle: entre la separatividad que supone estar encarnados en cuerpos físicos, nos ha dado algo que nos une poderosamente, la energía sexual. Y aquí estamos, en esta tierra, hombres y mujeres, masculino y femenino, padre-madre, yin y yang. Y realmente todo el juego del desarrollo de la consciencia, de llegar a la totalidad de nosotros mismos, desemboca en integrar estos dos opuestos. Integrarlos interiormente (dentro de cada uno de nosotros) y exteriormente, con nuestra pareja, hombre-mujer, con el mundo. Mientras el hombre y la mujer no se unan, mientras no se fusione lo masculino y lo femenino interna y externamente, no podrá haber paz en el mundo.

La sexualidad actual es una sexualidad egóica, basada en el ego, en la autosatisfacción y por lo tanto en la separatividad. Es realmente un camino de separación en todas las parejas, porque con el tiempo va abriendo una brecha cada vez mayor entre el hombre y la mujer. Y no tenía que ser así. Hay otra sexualidad que nos pertenece por derecho propio. Era peligrosa y hubo que reprimirla con creencias, con miedo… Era peligrosa porque es una vía directa al Espíritu, a la Unidad, a la conciencia del Ser. En la “batalla” entre la luz y la oscuridad, se puede controlar nuestro cuerpo y nuestra mente de muchas formas… Pero la sexualidad es más difícil de controlar porque está en la base, en nuestros primer y segundo chacras.

 

El primer paso en el Tantra es llegar al corazón. La energía de la chacra del corazón es la energía de la unión, de la aceptación, de la entrega, frente a la separatividad y la lucha. Se dice en el Tantra, explicando el proceso de elevar la energía sexual en pareja a través de las diferentes chacras, que “Primero somos Dos, luego Uno y después Ninguno”. Es una descripción del proceso de pasar del ego, a la fusión y de ahí a la disolución o expansión de la conciencia al Todo. Realmente somos canales de energía entre la Tierra y el Cielo, entre la vibración más densa de la materia y las vibraciones más altas de lo espiritual. Y el trabajo del Tantra es unir esas dos dimensiones del Ser utilizando todo lo que somos, hombre y mujer, nuestra energía sexual como expresión de esa fuerza genésica que nos une a la Tierra.

 

Para la mujer es más fácil estar en el corazón de forma natural. El corazón es sobre todo la batalla del hombre. El hombre por regla general vive la sexualidad, vive el mundo, desde lo genital y desde lo mental. Esta dividido, como si su pecho no existiese. Por eso hay tanta pornografía. La pornografía es el pene masculino unido a la cabeza. Lo genital y lo mental que domina al hombre. Se ha intentado llevar la pornografía a la mujer y ha sido un rotundo fracaso. Por que la mujer no esta ahí. Un hombre que haya abierto su corazón, vivirá su sexualidad de otra forma. No es que ya no le atraigan las mujeres, pero no estará compulsivamente obsesionado con ellas porque sabrá que lo femenino también es él.  Su vida se moverá ya desde otro punto,  desde un sentimiento de unión con lo que le rodea. Quizá ya no esté tan interesado en construir grandes empresas, puentes y carreteras o en dominar la Tierra...

 

Así que el camino en el hombre pasa por abrir su corazón. Y para eso es vital un cambio en su sexualidad. El hombre tiene que dejar de “tirar” su energía sexual como si de un desperdicio se tratara. Un hombre que dilapida su energía seminal será siempre peligroso para la Tierra. En el Tantra el hombre aprende a controlar su eyaculación. A diferenciar entre orgasmo y eyaculación. Dos cosas diferentes. Por asombroso que parezca, se puede tener un orgasmo sin eyacular. Y se pueden tener orgasmos múltiples si eyacular. Y toda esa energía no tirada, no desperdiciada, es la que nos posibilitará llegar a otro lugar. La eyaculación es una gran perdida de energía en el hombre y, a parte de un engaño que nos hace solo rozar el cielo, un saboteamiento del acto sexual. Para que el acto sexual llegue a algo más que un simple encuentro de satisfacción mutua más o menos logrado, para que la mujer se sienta llena y amada, el acto sexual debe prolongarse y terminar al menos en un acto de íntima unión y fusión (corazón) entre el hombre y la mujer. “Primero Dos, luego Uno…”. Cualquier cosa distinta será pagada en emocionalidad al día siguiente y será, como decíamos, una vía segura a la lucha y a la separatividad en la pareja, en el mundo…

 

El Tantra es el camino de veneración de lo femenino.  Es a través de la veneración de lo femenino, de la veneración de la mujer como diosa encarnada, como el hombre venera y se abre a su propia parte femenina. De igual manera, a través de la veneración de lo masculino, del dios encarnado en el hombre, la mujer abraza también su propia parte masculina. En el Tantra se dice que el hombre penetra a la mujer por el yoni y la mujer penetra al hombre por el corazón. De esta forma, a través de la danza de lo masculino y lo femenino, ambos, hombre y mujer, tienen experiencia de su propia contraparte. El Tantra es la danza universal de Shiva y Sakti reproducida por el hombre y la mujer en su unión física. A través de esta danza se crea un circuito de energía entre los componentes de la pareja, que diluye lo personal y expande la conciencia. En la sexualidad normal, la energía se queda “taponada” en las tres primeras chacras (sobre todo en el hombre) potenciando el ego y el predominio de la mente. En la mujer, la sexualidad normal producirá una sobrecarga emocional y una separación entre su corazón y su energía genital.

 

En la relación sexual, la mujer tiene que sentirse amada y esto supone que el hombre se olvide de su efímero placer y se entregue. El hombre así equilibra y unifica a la mujer. En la relación tántrica la mujer llega a sentir el lingan del hombre como un rayo de luz que la penetra hasta la coronilla. La mujer devolverá el regalo permitiendo al hombre acceder a la joya de su pecho y abrir su energía más allá de su garganta. La mujer así mismo, debe situarse en su esencia femenina, la entrega, y dejar de utilizar el acto sexual dentro del juego emocional de recompensa o premio. Hoy en día el pene del hombre y la vágina de la mujer están cargados de emocionalidad y esta debe ser liberada para que ambos puedan llegar a la experiencia del amor tántrico.

 

Para que todo esto suceda tendremos que dejar atrás mente y creencias. Tendremos que parar la mente y estar en el momento presente. Sentir, y dejarnos de expectativas y objetivos a los que llegar. La sexualidad normal está obsesionada con el orgasmo. Hemos hecho un dios del orgasmo. Pero el orgasmo no es más que un pico, una muestra de algo más amplio, una muestra del éxtasis de la disolución; y no deja de ser ego (”Primero Dos…”), algo que empieza en mi y termina en mi. En el Tantra es muy común que no se tengan orgasmos y eso sorprende a veces. Y es que la energía cuando pasa del corazón se convierte en un éxtasis continuo que engloba todos esos orgasmos que tanto perseguimos. El mero hecho de perseguir el orgasmo, de ponernos ese objetivo, crea múltiples problemas. Realmente la frigidez en la mujer no es otra cosa que, además de la falta de capacidad del hombre para alcanzarla, la fijación por llegar a ese objetivo del orgasmo. Toda mujer que se entregue y que esté el suficiente tiempo en el acto amoroso tendrá un orgasmo de forma natural. De la misma forma, en el hombre, la impotencia no es nada más que el temor a no ser suficiente hombre, a no tener una erección suficiente. Todo el que ha practicado Tantra sabe que el hombre realmente no “penetra” a la mujer. Cuando tanto hombre como mujer, se encuentran relajados, limpios de emocionalidad y expectativas, con la mente en paz, la entrada del hombre se produce de forma natural. Incluso aunque no haya erección. Simplemente la mujer estará suficientemente abierta y lubricada, para que el lingan del hombre se pose en su yoni. Desde ahí todo será natural, pues tanto el lingan como el yoni  tiene una inteligencia propia y sabrán cuando las cosas funcionan adecuadamente.

 

Podríamos definir el Tantra como el camino de máxima impecabilidad en el uso de nuestra energía sexual. Un camino para encontrarnos a nosotros mismos, un camino para reconciliar lo femenino y lo masculino, un camino para la paz interna, para la paz en la Tierra.

 

TANTRA LA TENTACION DE LO FEMENINO

Oí un día, hace poco, una conferencia de un espiritualista, un yogui hindú. Después de hablar de temas bastante acertados acerca de la no-realidad del mundo material, de la necesidad de conectar con nuestro verdadero ser, el Espíritu que realmente somos, pasó a hacer diversas consideraciones sobre cuál era el camino para llegar a esa parte de nosotros mismos que está más allá de la conciencia corporal y tridimensional. Y comenzó a hablar de la necesidad de renunciar al mundo y muy especialmente a la sexualidad, que debía usarse sólo en el ámbito del matrimonio y con la única finalidad de la procreación. Y ahí no pude por menos que quedarme perplejo. Otra vez tenía delante de mí la vieja energía. Una persona espiritual, un yogui, que volvía a reflejar toda la visión masculinizante de la espiritualidad que nos ha inundado por miles de años. Lo veía claramente: era un hombre hablando para los hombres. Lo femenino, de nuevo, volvía a ser la TENTACIÓN. Otra vez la manzana de Eva.

Todo este mundo ha sido creado por el hombre, o mejor, por la mente masculina, por el hemisferio izquierdo. Todas las religiones y todos los caminos espirituales con muy pocas excepciones (el Tantra, algunas vías chamánicas o místicas como el Sufismo, o en el cristianismo…) han sido concebidos por esa mente masculina, incluso el yoga.

Lo que ha pasado es claro: la mente masculina, el hemisferio izquierdo, analítico, conceptual, comienza a “ver” el mundo y se empieza a hacer preguntas de porqué, de qué es, de quién soy yo. Hasta aquí todo bien…

Y empieza entonces a darse cuenta de que el mundo material no es sólo lo que hay. Que hay otra realidad aparte y que esa realidad también somos nosotros. Es más, que esta realidad es una fabricación, reflejo de lo otro, es maya, ilusión, en el sentido de carente de existencia por sí misma. Y le pone un nombre a esa otra realidad: le llama Dios, Krisna, Espíritu, etc.

Y ahí comienza la locura. La mente masculina decide que quiere ir a eso que está más allá, y en su visión parcial y separativista (hemisferio izquierdo), designa el mundo material como opuesto adonde quiere ir. Por lo tanto, y desde esa visión de separatividad de una cosa de la otra, comienza ya a fabricar doctrinas, religiones, vías espirituales. A “canalizar” textos sagrados, en sus múltiples formas y tradiciones, que, entre grandes dosis también de sabiduría y de visión de la realidad del universo, de alguna forma siempre confirman su visión: tienes que rechazar la tierra, apartarte del mundo, para ir hacia Mi (el Espíritu). Y entonces lo masculino decide cual es la vía: la renuncia, el retiro de este mundo. Y desde esa decisión, por supuesto, esa mente conceptual del hemisferio izquierdo, empieza a fabricar ya una serie de normas de comportamiento, normas morales que condenan (pecado) un lado “en aras” de lo otro. La demencia (esquizofrenia) del mundo ha comenzado.

Y en esa esquizofrenia recién creada, esa mente de lo masculino se encuentra con algo que le contradice: lo femenino, y su mayor representante aquí en la tierra, la mujer. Se encuentra entonces con que, a pesar de toda su lógica dualista de que la materia es opuesta al espíritu, la materia le atrae poderosamente, y sobre todo cuando ve esa fuerza de la materia plasmada en la maravillosa energía y formas femeninas, en la mujer.

Así que, asustada tremendamente por su propia contradicción, esa mente del hemisferio izquierdo no tiene más remedio que llegar a una conclusión: lo femenino, y por supuesto la sexualidad, como la fuerza subyacente de atracción, es la TENTACIÓN, lo que le desvía del camino.

La mujer se convierte entonces en la representante del mal, en la tentación que puede apartar a esa mente masculina del objetivo que ella misma ha decidido: escapar del mundo.

Todo este es el esquema que subyace a nuestro mundo, a toda nuestra civilización humana desde hace miles de años, ya sea en oriente, como en occidente. Es necesario recordar que, incluso en la India hinduista, la madre del yoga, antiguamente las mujeres eran quemadas con el marido, si éste moría antes. Era el hombre el que se “iluminaba”. Era él el que buscaba y tenía derecho a la iluminación. Ha sido así en todos los lugares de la tierra, en todas las religiones y vías espirituales, y en muchos sitios, lamentablemente, sabemos que sigue hoy en día siendo de la misma forma. La mujer siempre fue considerada un subproducto, muy peligroso, eso sí. Y esto ha sido así en el budismo, en el hinduismo, en el Islam, en el judaísmo, en el cristianismo, y en prácticamente todas las vías espirituales de los últimos tres mil años. Sólo algunas vías o grupos dentro de cada camino espiritual o religioso fueron ajenas a este tipo de demencia. Y por supuesto, perseguidas o marginadas. Y el Tantra fue una de estas vías.

Lo femenino, y todo lo ligado a la energía femenina, han dado pavor al hombre, a la mente masculina del hemisferio izquierdo, hasta el punto de llegar a las aberrantes locuras que conocemos de nuestra historia.

El Tantra se remonta al origen de los tiempos y es, de hecho, el padre del yoga. Toda la visión actual de la Nueva Era, todo eso que hemos oído innumerables veces, “que el cielo es igual que la tierra”, “que lo de arriba es igual que lo de abajo”, “que el microcosmos contiene al macrocosmos”, es ni más ni menos que la visión del Tantra. La visión actual de la Nueva Era viene como producto y síntesis de diversas vías de experiencia de la realidad, cuya confluencia se ha producido, o se tenía que producir inevitablemente en esta era: el Tantra Yoga, el Budhismo, la Psicología occidental, la ciencia occidental (especialmente la Física Cuántica) y algunas otras vías místicas como el chamanismo tolteca o el Sufismo.

El Tantra vio el mundo con la mirada de la unidad: la síntesis del hemisferio izquierdo y el derecho, lo masculino y lo femenino, reconociendo que lo femenino es lo que realmente daba el poder, la visión holística, para salir de la locura de una mente anclada a la visión masculinizante del mundo. Lo femenino, con todas sus connotaciones, dejó por lo tanto de ser “el peligro”. Todo lo contrario, lo femenino, se convirtió en la clave, siendo, de hecho, el Tantra mencionado muchas veces como “la vía del culto a lo femenino”.

Desde la perspectiva del Tantra, no hay “tentación”, ni por supuesto pecado en el mundo material. Sólo hay niveles de conciencia y de experimentar esa realidad que es también Dios. Podemos experimentar la materia desde nuestra conciencia animal (supervivencia, ataque, defensa), desde nuestra conciencia emocional (culpa, dependencia emocional, posesividad), desde nuestra conciencia mental humana (mente conceptual y analítica, separatividad, poder de manipular y controlar), o también podemos experimentar la materia desde nuestra conciencia espiritual (4º chakra – corazón, unidad). Lo mismo con la sexualidad, como energía primordial unida a la manifestación del universo. Podemos vivir nuestra sexualidad desde la conciencia animal y emocional (1º y 2º chakra), desde nuestra conciencia mental (3er chakra), o llevar nuestra sexualidad hacia la experiencia de la unión (4º chakra – espiritualidad).

Sólo nuestra ignorancia y temor nos ha hecho, y nos sigue haciendo, ver peligro en la sexualidad y en la materia, y por supuesto, siempre esa es una visión de la mente masculina, se manifieste a través de un hombre o de una mujer.

No hay enemigos. No hay ningún lugar a donde ir.

La Illaha ill’Allah” decía los sufíes. Sólo existe Dios, nada más que Dios.

Dios es todo, materia y espíritu, amor y sexo, cuerpo y alma.

Om Namah Sivaya!

 

 

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