Llega la noche, siempre precursora de un nuevo día,  y allí, en esas horas de sueño, cuando la mente externa se hace a un lado para dejar paso a otros aspectos más grandes de nosotros mismos, nos espera siempre, con sus brazos abiertos y su eterna sonrisa de felicidad, ese Ser Angelical que hacemos enmudecer en las horas conscientes y que ahora, cuando la noche apaga sus luces, se manifiesta EN NOSOTROS con todo su esplendor para mostrarnos los nuevos caminos, para recrear nuestro día y hacernos ver a través de …