La flagelación era castigo, era cruelísimo. Los judíos lo limitaban a cuarenta azotes menos uno. Para los romanos no había límite. Los flagelos eran de cuero con huesos o bolas de hierro en la punta. Las carnes se abrían, el dolor era muy intenso, sangraba todo el cuerpo, solían perder el conocimiento y podían morir. La voluntad débil del poderoso, no sujeto a la justicia, va a golpear a Jesús como uno que no tiene derechos.