MANTÉN EL CONTROL
Conserva tus impulsos junto a la prudencia.
Nadie tiene el poder para ofenderte.
El problema no está en lo que te acontece.
Está en lo que piensas, acerca de lo que te acontece.

MANTÉN EL CONTROL.
Un grito, un desplante o una ofensa,
surgen de la debilidad del agresor.
Mira su angustia, su soledad, su miedo, su vacío.
Mira su tristeza, su dolor, su frustración y su envidia.
Entonces, podrás hacerte inmune a sus agravios.

NO REACCIONES. MANTÉN EL CONTROL.
Usa tu inteligencia y conviértete en la niebla.
La …